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Congreso

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Del derecho a manifestarse

Artículo 21.

1. Se reconoce el derecho de reunión pacifica y sin armas. El ejercicio de este derecho no necesitará autorización previa.

2. En los casos de reuniones en lugares de tránsito público y manifestaciones se dará comunicación previa a la autoridad, que sólo podrá prohibirlas cuando existan razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes.

Manifestación pacífica el 25S en Plaza de Neptuno, Madrid

Nuestra querida Constitución que ya está pidiendo actualizaciones por todas partes dejaba bien claro allá por el año 1978 que eso de que el Estado no deje reunirse a los ciudadanos no es bueno. Concretamente en el artículo 21 que se lee arriba, se deja bien claro que se reconoce el derecho ciudadano de reunión siempre que sea pacífica y sin armas, sin autorización previa.

Como excepción a la norma, siempre que esa reunión se realice en un lugar de tránsito público, la reunión debe comunicarse en los plazos que estipule la ley, para que solo si hay razones fundadas de alteración del orden público, con peligro para personas o bienes, esa reunión en lugar público sí puede ser prohibida.

Eso dice la Constitución.

Cualquier Ley Orgánica, las leyes de mayor nivel justo por debajo de la Constitución, debe por tanto adecuarse a estas leves restricciones: pacífica, sin armas y sin alteración del orden público con peligro para personas o bienes.

Hoy, Doña Cristina Cifuentes apuesta por “modular” la Ley de manifestación porque esta es “muy permisiva”. Y tanto que es permisiva. Se permite toda. La Constitución, en este caso, la norma de referencia, prohíbe prohibir. Solo en el caso de ser violenta, o de haber peligro de la integridad física de las personas o bienes, puede prohibirse. Solo en esos casos. En ningún otro.

¿Modular, Doña Cristina? Lo único que puede sacarse de la manga la señora Cifuentes es la definición de qué es peligroso. Tal vez se asuma el peligro evidente y real de que la policía ataque a los manifestantes como un peligro para la integridad física y, por el simple hecho de proteger a los manifestantes de la policía, doña Cifuentes decida que puede “modular” su derecho. Es por su propio bien.

Por mucho que nos dijeran, cuando en Sol se estableció un campamento permanente el año pasado, después del 15M, la gente solo estaba ejerciendo un derecho constitucional, pacíficamente. Y nadie podía prohibirlo. Tal vez va siendo hora de volver a hacerlo otra vez, no vaya a ser que salir a la calle vaya a ser delito.

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Toma el Congreso

Artículo 66
    1. Las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado.

    2. Las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución.

    3. Las Cortes Generales son inviolables.

Así reza nuestra queridísima Constitución, piedra de toque y baluarte de una generación que, harta de los desmanes de una dictadura, llegó a un punto de encuentro y a un nuevo inicio para una sociedad que reclamaba libertad. Nuestros padres y abuelos vivían entonces, año 1978, en uno de los momentos más críticos de la historia de la sociedad española y hoy en día todos se felicitan porque la cosa salió bien.

¿Salió bien?

Sí, ciertamente y a pesar del incidente castrense en el Congreso de los Diputados de 1981, e incluso contando con ese incidente, las cosas no salieron todo lo mal que podrían haber salido. La última vez que los españoles se encontraban en una situación parecida, acabaron matándose entre sí. Y las consecuencias de aquella situación era precisamente lo que esta tan esperada Constitución quería evitar, queríamos libertad, democracia, poder decidir.

Pero obviamente no lo hemos conseguido. En cuanto a la libertad, tras casi 34 años de la aprobación de la Constitución Española, sí hemos ganado algo de libertad y derechos. Tenemos muchas de las cosas con las que antes solo los más intrépidos osaban soñar, cierto. Pero también tenemos una oligarquía constitucional a la que se llama vulgarmente gobierno, que dicta sus estatutos a base de decretos-leyes y órdenes ministeriales que nunca se votan, y que si se hacen, se aprueban irremediablemente, sin que un solo ciudadano o ciudadana pueda decir nada al respecto.

En cuanto a la democracia, todo es discutible. Hoy contamos con un hemiciclo que “representa al pueblo español” en teoría. En la práctica, haciendo las matemáticas, no lo hace, o por lo menos no lo hace tan bien. Tomando como ejemplo las elecciones no tan lejanas del 20N en 2011, al Partido Popular solo le votaron el 32% de los españoles llamados a votar y sin embargo hoy ostenta el 53% de los asientos en el Congreso. Igualmente, el Partido Socialista, habiendo recibido solo el 20% de la confianza popular, ocupa el 31% de los escaños del congreso. Por el contrario, partidos como Izquierda Unida o UPyD tienen respectivamente 7 y 5 escaños menos de los que les corresponderían según la gente que les voto, incluso teniendo en cuenta la abstención.

¿Poder de decidir? Nulo. Y nos vemos abocados a una situación en la que los recortes impuestos por la Troika, sí, no por “los hombres de negro”, sino por “los hombres de verde”, de verde-dinero, se extienden por todo lo largo y ancho no solo de España, sino de Europa.

¿Salió bien?

Pregúntaselo a una madre anciana y viuda que ahora pierde su casa, después de haber tenido que ver como sus hijos e hijas que antes tenían trabajo y familia han tenido que ir volviendo al hogar, mientras el Estado le negaba su pensión no contributiva porque era incompatible con su pensión de viudedad y trataba de estirarla como podía para dar de comer a tantas almas sin reposo.

Pregúntaselo a esos jóvenes que en su día dejaron de estudiar, después se convirtieron en ni-nis por voluntad y ahora son ni-nis de casi treinta años por obligación.

Pregúntaselo a esos profesores y alumnos, que ven como los medios en los centros se reducen y se sobrecargan aulas y jornadas laborales.

Pregúntaselo a esas mujeres que antes abortaban y ahora cometen delitos…

Pregúntaselo a quien quieras… menos a un político. O al menos a un político de butaca.

Porque sí, hay pocos pero los hay, políticos de verdad, que llevan defendiendo que esta Constitución nuestra no es inmutable ni maravillosa. Fue un parche, un consenso de mínimos suficiente y necesario en su momento, pero que no ha evolucionado con el tiempo, más que a toque de trompeta de Europa, sin hacer honor a sus propias palabras, que dicen que el Congreso “representa al pueblo español”, pareciendo que representa más al pueblo europeo. Sí, hay políticos que defienden que se puede cambiar y conseguir mayor representatividad. Sí, hay políticos que reconocen que 34 años es toda una generación, y que una sociedad nueva requiere un proceso constituyente nuevo.

Pero el resto, la mayoría, los políticos de butaca, pero de butaca de salón, porque la del Congreso se la saltan a la torera cuando pueden y cuando no, excepto para ocasiones importantes, dejando que otros voten por su dedo, ese resto, ese resto deshonra lo que podrían haber sido y evidentemente nunca fueron nuestra Constitución, y nuestro Congreso, y nuestro Senado, y nuestras Cortes, Foros y Diputaciones, y nuestros Ayuntamientos.

Y no podemos hacer nada.

¿No podemos hacer nada?

Que “las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado” ha quedado probado falso, porque no representan al pueblo español, y especialmente el Senado, no representa a nadie más que a los intereses de los partidos. Intereses económicos, por supuesto.

Que “las Cortes Generales ejercen la potestad legislativa del Estado, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno y tienen las demás competencias que les atribuya la Constitución” también es falso. Quizá solo la parte de los presupuestos que, irónicamente no aprobamos los españoles, a los que se nos “reconoce” la soberanía justo en el párrafo anterior, sino que se aprueban a dedo por mayoría entre las butacas, sea cierta. Pero que controlan la acción del Gobierno… ¡por favor!

Y si ambas suposiciones son falsas… ¿Por qué no iba a serlo la tercera?

“Las Cortes Generales son inviolables”. ¿Pero si nos pueden violar?

El 25S, los españoles rodean el Congreso de los Diputados, no para violarlo, no, sino para dejar claro que existe un germen, que ya afloró hace un año y medio el 15M y que solo ha crecido desde entonces hasta un virus, una masa, un conjunto, una sociedad nueva y emergente, que quiere cambiar las cosas, y cambiarlas del todo.

Pero vamos lentos porque vamos lejos.

Hoy 25S dejamos claro que el Congreso debe escucharnos. Y pronto. Pero el Congreso se toma con votos, no con violencia. Convocad elecciones. Ya.

#votaaotros

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