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Metroscopia nos da la razón, la gente quiere #votaaotros

El barómetro de Metroscopia de hoy establece una caída del 8% del apoyo al PP que no recoge el PSOE sino las terceras fuerzas políticas como IU y UPyD.

Metroscopia, la empresa de estudios sociales, ha realizado de nuevo su barómetro mensual de intención de voto. Los resultados son muy notables. También es notable que el único medio que se hace eco de estos datos (que son muy relevantes) es El País, tanto en su edición impresa como en su edición digital, donde cuelgan la gráfica siguiente.

Gráfica Metroscopia Abril 2012

Como puede comprobarse en los datos representados en la gráfica, el PP, que mantenía una intención de voto estable e incluso creciente desde las elecciones de Noviembre de 2011, ha bajado desde la última encuesta de intención de voto cerca de un 8%. Las medidas de ajuste no están cayendo bien entre los españoles, que obviamente se sienten defraudados con el nuevo gobierno al que dieron su confianza hace poco más de tres meses. Sin duda, las elecciones en Andalucía y Asturias ya fueron un nivelador de que ese fuelle que había conseguido a duras penas el PP se había acabado, pero esta encuesta no deja lugar a dudas.

Además, en esta encuesta el 58% de los encuestados desaprueban la gestión de Mariano Rajoy como presidente del gobierno de España y a la pregunta “¿Cuánta confianza le inspira el presidente del gobierno Mariano Rajoy?” el 70% nada menos respondió “poca o ninguna”.

En el gráfico puede observarse que, contra lo que parecería lógico en un escenario bipartidista, el PSOE no es quien recoge esos votantes que valoran de manera tan negativa al gobierno de Rajoy. De hecho, la intencionalidad de voto hacia el PSOE vuelve a bajar al 23%, la más baja registrada en la gráfica.

Es interesante que El País solo muestra los datos de las líneas de PSOE y PP hasta Enero de 2012, ya establecidas las Cortes Generales con los 13 nuevos grupos parlamentarios (más que en toda la historia de las Cortes) y a partir de entonces aparecen las líneas roja (de IU) y rosa (de UPyD), creciendo ambas en intencionalidad de voto, especialmente la primera.

Sin duda tardaremos en ver cómo El País y Metroscopia, además de segregar las respuestas por votantes de PP y PSOE incluyan al resto de fuerzas políticas, pero este gráfico deja patente que la tendencia ciudadana de otorgar confianza a terceras fuerzas se consolida. La confianza en IU desde las elecciones generales en Noviembre ha subido un 4% y para UPyD la subida ha sido de poco más de un 1%. Es decir, ese 8% de votos que está empezando a perder el PP no se va al PSOE, sino que la ciudadanía, cansada de que le tomen el pelo, empieza a ver que hay alternativas, que esas alternativas sí les representan y que la opción #votaaotros no es tan rara, ni tan mala.

Lo que descubrimos el 20N

Un ciudadano, un voto

Hay que agradecer a los que lideraron la transición su gran trabajo, pero los padres de la Constitución y la democracia, nuestros padres y abuelos, establecieron un sistema que, si bien era mejor que el que había entonces, hoy, 33 años después, ha demostrado tener fallos de bulto conforme se ha ido desarrollando el juego democrático.

El 20N descubrimos que con solo 500.000 votos más que en la legislatura pasada, el partido que entonces quedó en la oposición ahora puede gobernar con una amplísima mayoría absoluta.

Y no solo eso, sino que ahora, en las cortes, 10,5 millones de votantes gobernarán con esa misma mayoría absoluta sobre más de 12 millones de votantes que votaron al resto de fuerzas políticas de la cámara.

No es que esto tumbe al bipartidismo, PP y PSOE siguen siendo las fuerzas más votadas, pero es de justicia que en democracia la representatividad del pueblo prime sobre la gobernabilidad. Cuando algo falla hay que cambiarlo. Hay que reformar nuestra democracia.

Un ciudadano, un voto.

Vergüenza electoral

Urna hambrienta (Forges)
Tras las elecciones generales de ayer, toca analizar los resultados. Los medios de comunicación están todos de acuerdo: las expresiones “mayoría absoluta” y “debacle electoral” se alternan para referirse respectivamente al Partido Popular, que tiene 186 diputados y mayoría absoluta, y al Partido Socialista, que pierde representatividad situándose en 110 escaños.

Ninguno habla del robo que eso supone, atendiendo a que esa mayoría absoluta, se ha conseguido con solo el 44% de los votos emitidos que, teniendo en cuenta casi un 30% de abstención, en realidad es una mayoría avalada solo por el 30% de la población con derecho a voto. Sin duda, es innegable que el Partido Popular fue el partido más votado el domingo, pero comparativamente con los votos de 2008, en que perdió las elecciones, esta vez las ha ganado con solo medio millón de votos más.

Lo peor es que en la distribución de escaños intervienen muchas normas que hacen que quien sale elegido en las urnas, no tenga por qué ser el mismo que es elegido en las cámaras. En otras palabras, aunque un partido tenga más votos, no tiene por qué tener más escaños.

En primer lugar tenemos la barrera electoral, definida en la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) desde 1977. Esta norma establece que demarcación a demarcación, si una formación no llega al 3% de los votos emitidos, esa formación es eliminada del cómputo cuando se reparten los escaños, incluso aunque a nivel nacional sí se supere ese porcentaje.

Para saber qué es una demarcación hay que ir a la Constitución Española, que define la demarcación electoral como la provincia. Por tanto, combinando ambas normas, aunque un partido consiga más de un 3% de los votos a nivel nacional, si va siendo eliminado por quedarse en el 2,99% provincia a provincia, nunca conseguiría un escaño.

Para hacernos una idea, el 3% de los votos emitidos el domingo fue de 738.000 votos. Sin embargo, Amaiur, PNV, ERC, BNG, PNC, Compromís-Equo, FAC y GBAI no llegaron ni de lejos a esa cifra a nivel nacional, a pesar de conseguir escaños. ¿Por qué? Porque provincia a provincia sí fueron consiguiendo ese 3% provincial.

Una norma electoral justa no pondría ningún mínimo a ninguna fuerza política, y exigiría que, si lo que se está construyendo es el órgano de gobierno de España, los porcentajes se midieran a nivel nacional, y no a nivel provincial. Es la única manera de establecer que todos los votos en unas elecciones valgan exactamente lo mismo.

La tercera barrera es la Ley d’Hont, que es el sistema de distribución de escaños establecido también desde 1977 en la LOREG. Combinada con las barreras anteriores, la Ley d’Hont es injusta porque elimina votos que, de otra manera podrían haber tenido representatividad.

Para poner un ejemplo práctico, UPyD e IU no consiguieron ningún escaño en Castilla-La Mancha pese a que en todas y cada una de las demarcaciones (Albacete, Ciudad Real, Guadalajara, Cuenca y Toledo) consiguieron superar con creces ese 3%. Con un 4,96% y un 5,77% de los votos de Castilla-La Mancha les hubiera correspondido a cada una de las formaciones uno de los 21 escaños que se disputaban en la región, pero ninguno obtuvo escaño. A pesar de superar el 3% en todas las provincias y en la región, la distribución de los escaños y la Ley d’Hont robó a más de 100.000 ciudadanos su merecida representatividad.

La cuestión es… ¿por qué?

La mayoría de las veces que esto se discute en los medios de comunicación, los defensores de estas normas decimonónicas que se aplican desde la transición y nadie se atreve a cambiar, se pone como excusa que si no fuese así, los partidos regionales perderían representatividad y peso en el Congreso, en favor de los partidos nacionales.

Eso es mentira.

Como hemos expuesto antes, el Partido Popular ha conseguido la mayoría absoluta de 186 diputados con poco más del 44% de votos. Concretamente el 44,62% de los votantes que se acercaron a las urnas el domingo, les dieron su confianza. Aunque es indiscutible que fue la fuerza más votada, si trasladamos ese porcentaje de votos a los 350 escaños disponibles, el PP debía haber conseguido solo 156 diputados. Eso quiere decir que el PP ha robado demarcación a demarcación nada más y nada menos que 30 diputados.

Por su parte el PSOE consiguió el 28,73% de los votos válidos. Sin duda una debacle electoral, que aún habría sido mayor si aplicáramos la norma de representatividad porcentual de “una persona-un voto”. En lugar de los 110 diputados que nuestras normas electorales les han otorgado, debieron haber conseguido solo 100. Han robado 10 diputados a otras formaciones.

Por contra, aquellas formaciones que se ponen como excusa (las formaciones regionales), roban mucho menos. CiU consiguió 16 diputados cuando con el 4,16% de los votos debió haber conseguido 15. Amaiur consiguió 7 diputados cuando con el 1,73% nacional debió haber conseguido unos 5 diputados. El PNV consiguió 5 diputados cuando con el 1,33% debió haber conseguido… 5. O mejor, el BNG debió haber conseguido 3 con su 0,75% de votos, cuando solo se le concedieron 2.

O sea, que eso de que la LOREG es así “para que los partidos regionales no estén infrarepresentados” es absolutamente falso. Sin duda perderían algún escaño, especialmente cuanto más grandes son, pero eso no haría que tuviesen menos fuerza en el Congreso. Quien verdaderamente sale beneficiado con esto es el bipartidismo del PP y el PSOE, que han robado 30 escaños al conjunto de los españoles.

De esos 30 escaños, 14 se le deben a una formación de nivel nacional como IU, que debió haber conseguido casi 25 escaños con su 6,92% de los votos. Otros 11 de esos escaños robados se le deben a los votantes de UPyD, otra formación de nivel no regional que, con su 4,69% de votos, debió haber conseguido 16 diputados.

En definitiva, esto no es una democracia si el pueblo no es soberano y está mal representado y, cuando te dicen que nuestro sistema electoral está montado para favorecer a las regiones de España contra los grandes partidos, te mienten.

Si el PSOE hubiese hecho caso a IU y UPyD cuando llevaron este tema al Congreso la anterior legislatura, sus 100 escaños más los 25 de IU, más los 16 de UPyD seguirían sin superar al partido más votado, el PP. Sin embargo el PP tendría que pactar con alguien para gobernar, que es lo que, en justicia, ha votado de verdad el pueblo español.

Es una vergüenza, pero es la realidad. Ahora te toca a ti cambiarla. Al fin y al cabo, tú eres el soberano.

Recuerden, recuerden, el 20 de noviembre…

Como todos sabéis apoyamos al 15M y las iniciativas contra el bipartidismo y en castigo a PP, PSOE, CiU y PNV por su protagonismo en la etapa totalitaria en la que nos introducen; etapa en la que los mercados son el nuevo dictador.

Por eso, antes de explicarte el plan, te pedimos que te informes sobre los partidos minoritarios y elijas una alternativa al bipartidismo que nos amenaza. Vota a cualquier partido que no beneficie la partitocracia, o vota nulo si no te sientes representado. Pero vota.

¿Por qué tanta insistencia en la participación?

¿Por qué vemos cómo las elecciones municipales fueron publicitadas mediáticamente como una victoria por mayoría histórica del Partido Popular, pese a haber conseguido esto con solo un 24% aproximado del total de votos posibles? ¿Cómo puede suceder tal cosa?

Simple, la abstención y el voto en blanco van camino de aglutinar a más del 35% de los votantes. Es decir, una población del tamaño aproximado de Grecia no participa. Algunos no le dan importancia o no se sienten representados. Otros sencillamente reniegan del sistema y muchos simplemente creen que así no le hacen el juego a los partidos políticos.

Si bien es cierto que una abstención aplastante invalidaría las elecciones hablamos de un escenario imposible debido a los votantes zombies, que otorgan su voto a los partidos mayoritarios, por deplorable que sea su deriva. Aún hoy, la desinformación y poca claridad respecto al sistema electoral resulta evidente. Un tema tristemente plagado de mitos, ruido y desinformación que, en definitiva, solo benefician al poder.

Así que sigamos al conejo blanco y veamos…

Cómo funciona la realidad del sistema a la hora de votar

Existe el voto válido, el voto en blanco y el voto nulo, así como la abstención o, lo que es lo mismo, no votar pudiendo hacerlo.

  • Si votas correctamente a cualquier partido estás emitiendo un voto válido.
  • Si votas en blanco, tu voto es añadido al total de votos válidos, y solo consigue obstaculizar a los partidos pequeños aumentando el margen de votos que necesitan conseguir para obtener representantes.
  • Si votas nulo, con una papeleta no válida, rechazas todas las opciones existentes y te muestras como no representado legalmente, ya que tu voto será contabilizado, pero no será obstáculo para los partidos pequeños, como el voto en blanco.
  • Si te abstienes, por la razón que sea, serás parte de un porcentaje que no puede, no desea participar o rechaza el sistema, pero que posteriormente es despachado por el poder como un dato simplemente anecdótico.

Por eso, en el terreno de los hechos consumados, la abstención y el voto en blanco benefician claramente a PP y PSOE, la abstención incluso fomentando un vacío social que no participa en las urnas y que el bipartidismo aprovecha para legitimarse. Un vacío presentado por los medios y el poder como un porcentaje anecdótico o, en todo caso, fruto de la dejadez ciudadana.

Pero Anonymous sabe que eso no es cierto y conoce perfectamente el hartazgo de la gente. Por eso queremos ir más allá de estas situaciones y os proponemos un plan: literalmente…

Hackear las elecciones

Este será el método para hacerlo.

  1. Descarta a PP, PSOE, CiU y PNV.
  2. Busca a un partido minoritario de tu agrado y dale tu voto, o simplemente vota nulo si no te sientes representado por nadie.Pero sobre todo…
  3. No dejes de ir a votar, ni votes en blanco.

Gracias a la “Operación 20 de Noviembre“, los medios y las gentes sabrán que el voto a los partidos pequeños y el voto nulo expresan un rechazo en conjunto a la situación actual.

Dado que el voto a los partidos minoritarios crecerá todavía más gracias a iniciativas como #nolesvotes o #votaaotros, si el voto nulo aumentase lo suficiente podríamos mostrar a todo el mundo que hay más gente demandando cambios reales que gente que vote a PP o PSOE.

Es una forma legal de saltarse el cortafuegos de nuestra desastrosa ley electoral. Puede que el único modo de abrir un debate real sobre las reformas que pide el pueblo para nuestro país, y que los políticos han ignorado hasta la saciedad, mientras entregan nuestra soberanía económica al mejor postor.

Los poderosos piensan que nos cansaremos y no votaremos, o que, por miedo, lo haremos en masa a favor de quienes les benefician. No cuentan con que demos nuestro voto a partidos minoritarios que defiendan cambios reales, o con que anulemos nuestro voto si no nos sentimos representados por nadie.

Ahora ya conoces el plan, y solo queda que lo propagues por las redes sociales y se lo expliques a toda la gente que puedas, así como que termines de informarte y obtener datos objetivos en el comunicado de la operación.

Anonymous, #OP20N

¿Abstenerse? No, gracias

Toma la urna, #votaaotrosUna de las razones por las que los que utilizábamos #nolesvotes empezamos a utilizar #votaaotros es porque el primer lema parecía incitar a la abstención. Una vez este movimiento, junto con otros muchos movimientos ciudadanos se unieron en lo que hoy se conoce como el 15M y la prensa empezó a hacerse eco de las ideas ciudadanas, la mayoría de los periodistas asumieron que “No les votes” era igual a “Abstente”, pero de ninguna manera es así.

Desde el mismo principio, en el portal de nolesvotes siempre ha aparecido la frase:

No te pedimos el voto para ningún partido concreto, ni que votes en blanco, ni que te abstengas, sino que te informes para comprobar que existen alternativas.

En nolesvotes y votaaotros siempre hemos tenido muy claro que abstenerse no sirve de nada. En el mismo portal se puede leer:

Al igual que ocurre en el caso del voto nulo, la decisión ciudadana de abstenerse tiene escasos efectos en la composición parlamentaria, por lo que puede mantener el statu quo sin conseguir el objetivo de introducir más voces en el parlamento y reducir los escaños de los partidos nolesvotes (PP, PSOE, CiU).

En otras palabras, abstenerse sirve de tanto o menos que un voto nulo. En un país en que el voto no es obligatorio, no se puede establecer la diferencia entre cuánta gente se ha abstenido porque le da igual y cuánta gente se ha abstenido porque está en contra del sistema. Incluso votar nulo, que sí que permite establecer esa diferencia, no sirve para cambiar las cosas, dado que los votos nulos se olvidan pasados unos días de las elecciones.

Hay quien aboga por votar en blanco, pero también hay que llevar cuidado con eso. Las matemáticas según nuestra Ley Electoral hacen que los votos en blanco reduzcan los porcentajes válidos de votos de otras formaciones y como, según la Ley D’Hont toda formación que consiga menos del 3% de los votos válidos está automáticamente eliminada, provincia a provincia. Esto provoca casos como los de las últimas elecciones generales, en el que formaciones como Izquierda Unida, con 200.000 votos globales más que CiU, consiguió 8 escaños menos (10 de CiU contra 2 de IU) y se quedó sin poder formar grupo parlamentario, o UPyD, con prácticamente los mismos votos globales que el PNV, consiguió 5 escaños menos (6 del PNV contra 1 de UPyD).

Para que nos hagamos una idea, esos 13 escaños de formaciones alternativas nos habrían venido muy bien para que en estas elecciones hubiese una tercera urna y pudiésemos votar en referéndum si nos parece bien o mal la reforma de la Constitución.

Sin duda nuestro sistema necesita un cambio, pero está claro que las grandes formaciones políticas no están dispuestas a ponerse de acuerdo, al menos para esto. Es curioso que durante esta legislatura sí se ha cambiado la ley electoral… para dificultar a los partidos nuevos o minoritarios la posibilidad de presentarse a las elecciones, exigiéndoles avales.

La única manera que tenemos de cambiar el sistema es cambiar la composición de sus sistemas de gobierno, desde los ayuntamientos hasta el Congreso de los Diputados, despidiendo a los que hasta ahora no han cumplido su función. Aunque eso requiere una gran movilización colectiva, acciones en la calle, en las redes sociales y de todas las maneras posibles, no podemos olvidar la manera más democrática de tomar decisiones: votar. Para que tu voto realmente cambie las cosas el próximo 20N no puedes pensar en votar al PP para castigar al PSOE, o al PSOE porque crees que Rubalcaba es más de izquierdas que Zapatero, o abstenerte porque piensas que quien de verdad manda son los mercados. Hay más opciones. Dales por lo menos el beneficio de la duda.

Curiosamente son esas otras opciones las que más propuestas han llevado a la mesa del Congreso durante los últimos cuatro años, propuestas que ni siquiera se han votado o que han sido denegadas más de una vez por los mismos de siempre. Curiosamente esos partidos son los que están a favor de la dación en pago, de reestructurar las políticas de derechos de autor con arreglo a la realidad de la sociedad de la información, de no criminalizar el uso de Internet, de limitar los privilegios de los políticos, de hacer pagar a los bancos por los préstamos que ha asumido el estado…

No utilices casi todos los medios a tu alcance para cambiar las cosas. Utilízalos todos. Vota a otros.

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